anachronism

domingo, 11 de septiembre de 2011

Segismunda sufre sin siquiera susurrar si sobran sollozos.

El conocimiento, tan profundo como la creación de una mujer tan incomprendida, que se sentía mal y contestaba que así estaban su ello y su superyó, pero su amor mas preciado le pedía que intentara el orgullo de saber que aún podía cantar. Que renunció a ser una persona y no obstante vive, y no le importa porqué pero sufre. Vive y sufre.
Que ama las mentiras, porque cree que matan el sol para dejar que se eleve el ya instaurado reino de la noche oscura, y admira su noche porque no la mata ningún sol.
Y cometió el error de probar el árbol del Masomenos, y desde ese momento busca lo absoluto y no encuentra más que cosas.
Llega a fascinarme esa capacidad de exaltar los poderes del lenguaje, de transportarlo a sinestesias implícitas e inéditas, como la de un jardín y la muerte, o una forma y el sexo, o una yo y una Segismunda. Encajan perfectas, se perciben inintencionadamente. (como tantas cosas que se perciben sin querer). (tantas). (tantísimas).

No hay comentarios:

Publicar un comentario