anachronism

viernes, 15 de enero de 2010




Se acurruca en un rincón del mundo helado,


su rincón, su cueva del terror.


Baja la vista entre llantos y dolor


y se contempla tristemente las manos.




Manos sin mariposas que agarrar,


o con alas muertas del ayer.


Manos magulladas por crecer


sin tener a nadie para acariciar.




Manos que ocultaron tantos soles,


manos que escondieron tantos monstruos;


que tontamente y con un poco de oprobio


intentaron esparcir sus mil temores.

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