Mercucio: ¡Cómo, gentil Romeo! ¡Queremos que bailéis!
Romeo: ¡No, creedme! Vosotros lleváis zapatos de baile, con suelas ligeras. Yo tengo el alma de plomo, que me deja clavado en el suelo sin poder moverme.
Mercucio: ¡Sois un enamorado! ¿Pedidle a Cupido os preste sus alas, y remontaos con ellas hasta las cumbres!
Romeo: Demasiado cruelmente herido estoy por su flecha para que pueda remontarme con sus lees alas; y tan postrado me tiene, que no puedo elevarme más allá de la negra pesadumbre! ¡Caigo agobiado bajo la carga abrumadora dle amor!
Mercucio: ¡Pues no caigáis encima, aplastaréis al amor con vuestro peso! Es mucha opresión para tan tierno ser.
Romeo: ¿Tierno ser el amor? ¡Demasiado áspero, demasiado rudo, demsiado violento y pincha como el abrojo!
Mercucio: Si el amor es áspero con vos, sed vos áspero con él; si os pincha, pinchadle, y acabad por rendirle. ¡Dadme un estuche donde poner mi rostro! (colocándose un antifaz) ¡Una careta para otra careta! ¿Qué me importa que algún ojo curioso advierta ahora mis deformidades? ¡He aquí estas mejillas postizas, que se ruborizarán por mi!
Benvolio: ¡Vamos, llamad, y adelante! Y tan pronto como entremos, que cada cual se cuide solo de sus piernas.
Romeo: ¡Una antorcha para mi! ¡Los livianos de corazón risueño hagan cosquillas con sus talones a los insensibles juncos! Por mi parte, me atengo al refrán del abuelo: ''Yo seré portacandela y miraré'' ''La partida no se presentó nunca tan bella, y yo la abandono’’
Mercucio: ¡Bah! ''El caballo bayo es ratón’’, dijo el corchete. Si eres caballo bayo te sacaremos de ese barrizal de tu reverendísimo amor en que te hallas hundido hasta las orejas. ¡Vamos, que estamos alumbrando a la luz del día, eh!
Romeo: No, eso no es así.
Mercucio: Quiero decir, señor, que con estas dilaciones consumimos en vano nuestras luces como lámparas en pleno día. Advierte nuestra intenciín, pues nuestro juicio está cinco veces en ella antes que una sola en nuestras potencias.
Romeo: Y nuestra intención de concurrir a esa mascarada es también buena, pero constituye uan falta d ejuicio.
Mercucio: ¿Por qué? ¿Puede saberse?
Romeo: Tuve un sueño anoche…
Mercucio: Y yo otro.
Romeo: Bien; ¿y qué soñaste?
Mercucio: Que los soñadores suelen mentir.

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