anachronism

lunes, 26 de julio de 2010

Awkward last words.

Ante los mil modelos de jeans que la vendedora con aires de ‘’estoy perdiendo mi tiempo en vos’’ había desplegado sobre el mostrador, y las sugerencias asquerosamente planeadas que a la pobre fashion victim se le había ocurrido darme, no me quedó otra opción: Elegí algunos al azar y pasé al probador. Me desvestí influenciada por Cris Morena y mi psicóloga a aceptar las circunstancias del momento y la imagen que dichas circunstancias estaban a punto de rebelarme: un espejo grande, donde se proyecta una adolescente con una masa corporal mayor de la deseada y un cuerpo aparentemente envasado al vacío a juzgar por la inseparable unión entre el asqueroso color azul desteñido de la tela y su piel. To sum up, un matambre.
Tomé uno de los rollos, delimitado por el jean diseñado por alguien que no entendía mis proporciones, y lo masajeé con suavidad pero con fuerza. Quería que supiera el malestar que me provocaba, le tenía bronca y quería expresársela. Odio los rollos. Se dejan tocar y no dicen nada, se hacen los inofensivos, dejan que los aprietes y les descargues todo tu odio; y después empiezan a crecer y crecer. Te apuñalan por la espala. Y aún así, decidimos no trabajar lo suficiente en eliminarlos; porque aunque todas nos moleste sacrificar unos minutos de nuestro tiempo y una parte de nuestra vagancia, todas sabemos lo insoportables que son los rollos. Y así se me fueron pasando por la mente miles de cosas que generalmente odiamos, que nos molestan, que nos apuñalan por la espalda y aún así decidimos, por comodidad, dejarlas como están. Estaba haciendo una larguísima lista, cuando papá me bajó a tierra pidiendo que le muestre. Abrí la puerta y aunque mi cara respondía por mí, le dije que me quedaba bien, pero no me convencía. Respuesta típica y que todos entienden, porque aunque finjan que no, todos saben leer entre líneas. Y hasta papá sabía que ‘’no me convence’’ quería decir ‘’me encanta, pero que yo esté adentro lo hace demasiado desagradable como para pagarte lo que vale y sentirme desconforme el resto de mis días envasada en este pantalón’’.
Tardé en sacármelo porque mi piel y grasa comprimidas le impedían a la tela deslizarse con facilidad y escaparse de una vez por todas de esa máquina estiradora de jeans con rulos y la piel estriada. Papá otra vez: -¿Y?; ¿Ya estás cambiada?’’ – -‘’Sí papá, cambiadísima. Lamentablemente te perdiste mis cambios, y ahora preguntás con plena tranquilidad si estoy o no cambiada’’ - pensé. Pero por otro lado, no sé si estoy cambiada. I don’t understand ANYTHING. Antes esta situación me hubiera llevado la autoestima a un pozo ciego, a miles de kilómetros del piso; y hoy no. ¿Hoy no? No sé. Entonces me miré y vi que no tenía pantalón. Ni uno, ni el otro. Y me acechó la vulnerabilidad de la transformación: ¿quién soy cuando estoy cambiando? Probablemente no sea nadie. ‘’Para saltar, hay que soltar’’, ¿no? Pero si suelto y no salto; no tengo, ni avanzo. ¿Y quiero tener, o avanzar? Don’t really know, pero por el momento, preferí ponerme el otro pantalón sin más vueltas. Lindo, a medida, lo llevo; total lo que está mal es lo de adentro del pantalón, y eso no va a cambiar hoy.

Papá me esperaba afuera del local hablando por celular, cortó cuando llegué y me avisó que esa noche íbamos a cenar a la casa de mi padrino. Totally fucked. No es que sea mala, pero ese sí que es un ser que me enerva a la vista. Odio su caspa caída en el cuello del saco, su piel grasosa. Me molesta terriblemente que desvalorice todo lo que no le gusta y lo catalogue de ‘’pelotudez’’, me saca que piense que sabe de todo y de consejos que no sabe y que piense que para ser correcto, hay que ser como él. Termina siendo una de esas personas a las que le das la razón para que se callen de una vez por todas, y nunca más volvés a valorar su opinión. Odio hasta que se confunda de empanada y la deje ahí! Porque cuando yo veo dos fuentes y no soy capaz de distinguir de lejos entre jamón y queso y roquefort,
me decido por una y me arriesgo a comerla toda. No dejo una empanada mordida para que todos contemplen el molde de mi dentadura fea ( además, la ausencia de tratamiento odontológico en su dentadura se nota, y mucho!).
Después de seguir un par de horas más en el mundo feliz de las compras, con el consumismo a flor de piel (a modo de soma) emprendimos el regreso en el auto de papá.

No voy a poder escaparme de pensar hoy, y como soy de las que desisten, pero hoy me quiero hacer la renovada, voy a pensar. Voy a escribir cada pensamiento que se me pasó hoy por la mente, a ver si así el beatle pesado y las vacas se quedan en las hojas y me dan mis quince minutos de paz.-

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