
Muchas cosas había para aclarar, demasiadas. En algún sentido ella tenía razón, a veces no hay espacio emocional para asumirlo todo. Cuando las cosas se nos presentan de golpe, y no podemos acomodarlas en la cabeza ni el corazón, algunas tenemos que dejarlas afuera. Y esas son las que se convierten en fantasmas.
Sin duda, como los fantasmas son brumosos, necesitamos un tiempo para verlos con nitidez. Nos quedamos quietos, esperando que la imagen se nos esclarezca un poco. Pero puede ser, que en algún momento lo que estaba brumoso se vuelva claro.
Al principio los fantasmas nos aterrorizan, pero al final, nos acostumbramos a convivir con ellos. El problema de los fantasmas, es que su particularidad mas notable es que nunca, nunca nos abandonan.

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